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Parece que en los últimos
tiempos estos infernales aparatos, tan útiles para el campo cuando son
bien usados y tan destructivos cuando se emplean para hacer
ruido y destrozar las pistas, han proliferado de forma alarmante
por todos los pueblos
del Alto Ega. Ya se está convirtiendo en una
mala costumbre, verlos circular por caminos recién arreglados para
facilitar la labor agrícola, a velocidades
inadecuadas o haciendo trompos, para demostrar las
habilidades de cada conductor.
En algunos casos se han hecho estas
exhibiciones en lugares en que los chavales juegan, como el campo de
fútbol de la ermita donde dejaros sus profundas huellas algunos
graciosos, después de que
se había dejado el campo bastante limpio para el campeonato del verano
pasado. No es la primera vez que transitan por el pueblo ya que en
alguna ocasión lo han atravesado, no por la calle de abajo, la más
ancha, sino por la de arriba, por donde es bastante más peligroso
debido a su estrechez, y a bastante más velocidad de la
prudencial en estos casos. Los de la foto de arriba bajaron por el
camino de los arrieros en tropel, así que al paso que va, si acuden
mucho por esta zona habrá que renovar el acceso al depósito de aquí a
poco tiempo.
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Itzuli.
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