En realidad sólo quedan en pie algunas paredes  ruinosas de este antiguo molino situado a la salida de Marañón, en dirección a Angostina. Quedan muy pocos vestigios de que fuera un molino hidráulico. Tan sólo el canal de hidroalimentación del que se abastecía, así como el de salida, del que apenas queda algún rastro visible desde el puente sobre el río, justo a la salida del pueblo, delata que este edificio fue en su día un molino de piedras. En su interior ya nada queda de lo que fue la maquinaria, aunque también es cierto que hay mucha maleza y aún podría quedar algún resto de las antiguas instalaciones que podría ser recuperado. De cualquier forma, parece que este edificio está abocado a su desaparición total dado el lamentable estado en que se encuentra. A pesar de todo, su rendimiento debió ser elevado ya que está situado en un lugar privilegiado, esto es, muy cerca del río del que se abastecía y al que desaguaba después de moler. No obstante, da la impresión de que la caída de agua era muy pequeña, similar a la del molino de La Peña, y dado que no tenía cubo, o éste era muy reducido,  y que era el propio canal el que hacía las veces de ello, sus reservas eran limitadas y dependían del caudal instantáneo del propio Ega, de tal forma que en época de estiaje, poco se podría moler con las escasas reservas de agua que podía acumular el canal o regadera. De cualquier forma, su cercanía a la población también suponía una gran ventaja, ya que los propios habitantes de Marañón podían acudir a esta instalación sin apenas desplazarse de sus casas, y volver con la molienda ya hecha en muy poco espacio de tiempo. 
De su canal de hidroalimentación aún quedan restos ya que estaba reforzado con mampostería, desordenada pero bien colocada como lo demuestra el hecho de que aún hoy en día subsisten algunos tramos que sólo han podido ser derruidos por el efecto de las raíces de los árboles que han crecido en su interior. Estos tramos de muro sustentaban, en su parte superior, el canal por el que discurría al agua hasta la entrada del molino, cerca del cual un rebosadero, aún distinguible, hacía de sobrante cuando se llenaba el cubo. Este rebosadero disponía además de algún tipo de compuerta a juzgar por la disposición de los restos que aún perviven, en los que se ve claramente que la obra de fábrica estaba diseñada para sustentar algún sistema de regulación del agua sobrante. Este es el único de los cuatro molinos del alto Ega navarro que dispuso de algún tipo de obra de fábrica para conducir sus aguas desde la toma en el río hasta la sala de molienda, ya que en el resto son simples zanjas excavadas sobre el terreno por el que discurren sin obra artificial alguna, excepto las imprescindibles para la toma y la entrada a los rodetes.  El trazado del canal aún se conserva en bastantes tramos, aunque no queda claro, en función de los restos que aún afloran, dónde estaba la conexión para desviar el agua, lugar que posiblemente estuviese cercano al actual aforador instalado sobre el cauce principal.

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