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Los molinos
harineros del Alto Ega Navarro.
Las aguas del
río Ega son aprovechadas prácticamente desde su nacimiento bajo la
Sierra de Cantabria. No sólo las del cauce propio, sino las de los
afluentes más pequeños que aportan sus corrientes al principal. Su aprovechamiento
es variado, pero a través de los tiempos han sido el regadío de los
campos de cultivo, y la molienda del grano que germinaba en estas
tierras, las
utilidades principales del uso que se han dado a sus aguas. Respecto al
primero, hoy en día aún sigue utilizándose para ello, aunque más bien
de forma clandestina, ya que la construcción de numerosas balsas de
regadío en todos los pueblos ubicados en sus riberas, ha hecho que
no sea necesario la utilización directa de sus aguas, o que ésta sea
mínima respecto a épocas anteriores.
Respecto a lo segundo, en lo que al tramo navarro que
discurre entre Roñés y Campezo se refiere, y que suele denominarse como Alto Ega
navarro, han sido al menos cuatro los molinos harineros que en uno u otro
tiempo han funcionado. Al día de hoy todavía existe uno, que aunque con
serias modificaciones respecto al original, sigue moliendo, pero no con piedras, sino con molinos eléctricos. Este es el caso
del molino de
La Peña, ubicado en Marañón, localidad que contaba con otro molino
más, del que ahora sólo quedan ruinas, a la entrada del pueblo. El
primero de ellos, el de La Peña, compartía con el de San Pedro, en
Cabredo-Ahuntzegi los clientes que acudían a ellos a moler el grano y que
procedían de los pueblos de alrededor, tanto de Navarra como de Álava.
Este molino sufrió una remodelación importante mediante la
cual, además de reformar el cubo rehaciéndolo en hormigón, se
suprimieron las piedras de molienda, que todavía pueden ser vistas en la
carretera junto al molino, por una turbina que a su vez mueve un
alternador para generar la electricidad necesaria para los molinos
eléctricos que actualmente son los que funcionan. Como se puede ver, de
lo que era la mecánica de molienda original a la actual prácticamente no
queda nada excepto el aprovechamiento del salto de agua, que ahora mueve
la hélice y no las piedras como en antaño. Actualmente este molino,
reconvertido en granja de cerdos, sólo muele grano para el
autoabastecimiento de la mencionada granja, ya que como ocurrió con todas
estas instalaciones de molienda, las modernas fábricas los desbancaron y
tuvieron que cesar en su actividad ante la falta de clientela. No
obstante, otras circunstancias paralelas a ésta última, como una falta
de caudal cada día más acusada en este río, hace que al día de hoy,
incluso un sólo molino tenga problemas de abastecimiento, especialmente
en época de verano.
A esta última condición (falta de
agua) se escapa sin embargo, el molino de Genevilla, que abastecido del manantial
de La Celagua, ubicado unos metros más arriba de esta localidad, no
habría tenido problema alguno en seguir funcionando si por cantidad de
agua para llenar su cubo fuera, ya que su abastecedor principal goza de un
caudal medio de 150 litros por segundo. Con esta cantidad y unas reservas
estimadas en 4 Hm³ al año, no sólo el molino, sino otros posibles
aprovechamientos serían perfectamente posibles, como así ocurrió en
otros tiempos. Precisamente, con estos volúmenes aportados por La Celagua,
se ha abastecido a una central
hidroeléctrica, a un molino harinero y a
la población de Genevilla, todo a la vez. A que esto fuera posible
contribuyó además que esta reserva es de flujo difuso, es decir su
almacenamiento y efecto regulador son muy grandes, al contrario que el
cauce del Ega que dependiendo de la estación del año, transporta mayor o
menor cantidad de agua. Esta regularidad en la surgencia de La Celagua
hace que al día de hoy su aportación sea muy estable, mientras que
el Ega, a lo largo de los años ha visto como su caudal ha ido decreciendo
hasta convertirse en un hilo de agua, muchos días del año bastante
contaminado, especialmente en época veraniega.
Lo que sí ha cambiado es el uso del
agua de este manantial, ya que desde hace muchos años tanto la central
hidroeléctrica como el molino, no funcionan, y por tanto el agua que los
alimentaba ya no pasa
por sus mecanismos. En algún caso, como en el del
molino, se ha adaptado, quizás un poco chapuceramente aunque con cierta
efectividad, la salida del agua hacia los rodetes para acoplar tuberías
de riego con destino a las huertas cercanas. Esto permite la posibilidad
de colocar aspersores en lugar de abrir canales en la tierra, tal y como
se hace cuando no hay presión pero sí desnivel. Por otra parte, como ya
se ha dicho anteriormente, la construcción de balsas de regadío ha sido
notoria a lo largo de las últimas décadas. La de Sota, para los campos
de Cabredo-Ahuntzegi y Marañón fue la primera de esta zona del Alto Ega
Navarro, y posteriormente se complementó con la de Genevilla, mucho más
pequeña que la anterior, pero con unas aguas de extrema calidad, ya que
es abastecida con las que proceden de La Celagua. Desde luego,
viendo su nitidez y transparencia, no habrá muchas campos que sean
regados con aguas iguales, y no digamos mejores, que éstas.
Características
de los molinos navarros del alto Ega.
El sistema básico de recogida de las aguas, transporte y embalsamiento
para ser utilizadas posteriormente, es bastante similar al del resto de
molinos de la Península, incluidos los de Baleares y Canarias. Como en
casi todos los casos, mediante un azud (presa en el río) se obliga a sus
aguas a entrar en un canal o acequia a través del cual llegan al cubo en
el que se almacenan hasta que se utilizan para la molienda. Un rebosadero,
normalmente antes de la entrada al cubo, hace que en caso de éste esté
lleno, se desvíen sus excedentes de nuevo hasta el curso del Ega. Ver
esquema del molino de San Pedro. Un caso
aparte es el de Genevilla, que no utiliza azud alguno puesto que sus aguas
proceden del nacedero o manantial de la Celagua, y se introducen
directamente al cubo del molino, además de utilizarse para otros fines.
Existen algunas diferencias en cuanto a la construcción de los cubos de
todos ellos, ya que el de Genevilla es alargado y estrecho, con gran
profundidad en su unión con el edificio de la molienda y gran desnivel
entre la entrada y la salida del agua. Es de dimensiones pequeñas
comparados con los otros y está construido con toba
calcárea, algo no muy habitual
ya que los cubos de los molinos eran fabricados con buena piedra, sobre
todo en su unión al edificio principal, con el fin de aislarlos del agua
y aguantar su empuje cuando estaban llenos. Sin embargo, y a pesar de
aparentar una menor fortaleza que la piedra arenisca, la toba calcárea se ha
portado bien en el caso de Genevilla, ya que su cubo aún puede
utilizarse, y de hecho así se hace, aunque sólo para regar. No obstante,
el empuje de las aguas sobre sus paredes es el mismo que si fuera para la
molienda.
También es un caso aparte el molino viejo de Marañón en el cual se
puede advertir que sólo quedan restos de la regadera, y que ésta llega
directamente al edificio de molienda, por lo que habría que deducir que
carecía de cubo y que se abastecía directamente del río, siendo su
reserva la cantidad de agua que en cada momento llevara el cauce del Ega.
De lo que se puede ver a simple vista no parece que existiera cubo aunque
queda muy bien marcado el canal que abastecía de agua a este molino,
aunque no así el azud de donde tomaba el caudal, que posiblemente haya
quedado ya oculto por la maleza y por los nuevos caminos construidos
posteriormente a su cese de actividades definitivo.
Los cubos de San Pedro y La Peña
son similares, pero el segundo fue
reformado y reconstruido en hormigón, en la parte que se adosa
contra la edificación de molienda, mientras que el primero sigue como en
origen, es decir en piedra de sillería. Ambos son una mezcla de excavación en su entrada y
zona media mientras que disponen de muro de contención, en su conexión con el edificio principal.
Ambos son en forma almendrada, aunque el de La Peña hace una media curva desde su entrada hasta su salida, coincidiendo su parte más ancha con las
salidas hacia los rodetes, que en el caso del de La Peña sería hacia la
hélice que alimenta al alternador generador de electricidad, hélice que
permanece totalmente sumergida en el agua que se aporta desde el cubo.
Los sistemas de inyección del agua sobre los rodetes son similares entre
ellos, diferenciándose básicamente en que pueden ser de madera,
metálicos o de otros materiales tipo cerámicos. En el caso de los
molinos del Ega navarro, el sistema más complejo
es el de San Pedro ya
que dispone de un cajón distribuidor del agua que llega a los rodetes
mediante el cual se desviaba hacia uno u otro, o hacia los dos a la vez,
según las necesidades de cada momento.
Los rodetes son de metal tanto en el de Genevilla como en el de San Pedro,
y como no hay datos del antiguo molino de Marañón, se desconoce el
material con el que estaban construidos. Los del molino de La Peña
posiblemente también eran metálicos. Uno de ellos, el de Genevilla
coincide con uno de los de la San Pedro en que son de cucharas mientras
que el otro de este último molino es de rodillos, un tipo de rodete no
muy habitual. El árbol o eje que comunica el movimiento desde el rodete a
la piedra volandera (la que gira) puede ser de madera o metálico, y ambos
casos se dan por ejemplo en el molino de San Pedro.
(ver esquema de perfil del sistema de molienda de San Pedro)
Las piedras de molienda son de diámetros similares entre los de Marañón y San Pedro
mientras que las del molino de Genevilla parecen más
pequeñas, lo mismo
que el espacio del edificio dedicado a la molienda. Las de los primeros rondan el
1,40
metros de diámetro, mientras que en el segundo son de 1,30 metros Ø. La piedra del
molino de La Peña que está junto a la carretera es de 25 cms. de
grosor y parece muy poco gastada mientras que las que hay junto al molino
de Genevilla son muy estrechas y alguna está incluso partida, aunque
podría ser por el hecho de que estas piedras se fabricaban en varias partes
(lo más normal es que sean en tres) y luego se unen mediante un doble
cincho metálico, lo
que se puede ver claramente en las del molino de Genevilla. Este sistema queda claramente reflejado en la
muela de La
Peña que aún queda junto a la carretera, enfrente del edificio
principal. Cuando las muelas se desgastaban se sustituían por otras
nuevas, pero las viejas podían llegara a partirse al estar muy
debilitadas por el continuo desgaste.
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Itzuli
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