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LIMPIA Y CEDAZO
En tiempos de máximo esplendor, el
molino de San Pedro producía varios tipos de harina. Unas destinadas al
pienso, que son las que perduraron hasta su paro definitivo, y otras para
fabricar pan. Las primeras no necesitaban de ningún tratamiento. Ni antes
de moler el grano ni después de triturarlo, puesto que estaban destinadas
al pienso del ganado. Pero las primeras sí necesitaban un pretratamiento
ante de entrar a las muelas, y un postratamiento después de ser molidas
con el fin de generar varios tipos de harinas de calidad muy superior a
las destinadas al pienso del ganado. Para ello, antes de ser molidas
debía separarse el grano de las impurezas que podría llevar lo que se
hacía mediante el limpia, una criba que era movida también por la
energía del agua mediante el mismo sistema de poleas que movía la
dinamo. Para ello había que desembragar una polea (la de la dinamo)
para conectar la del limpia y obtener así el movimiento necesario
para que el cocijón, es decir la materia ajena al propio grano, se
eliminara mediante esta criba y el movimiento de vaivén que se generaba
mediante el sistema de poleas de madera y correas de cuero. Este era el primer paso
que había que dar antes de introducir el grano en la tolva, cuando la
molienda estaba destinada a fabricar pan.
El limpia era un artilugio
relativamente sencillo comparado con el cedazo,
ya que sólo se trataba de eliminar elementos ajenos al grano, más
grandes que éste. Por lo tanto, con poca maquinaria se conse guía la
efectividad requerida, y con una malla única se lograba el efecto
deseado. Sin embargo el cedazo, un elemento
necesario para lograr diferentes tipos de harina podía llegar a ser un
mecanismo bastante más complejo. En el molino de San Pedro se llegaron a
producir hasta seis tipos de harina con un sólo cedazo.
Este mecanismo consistía en un cajón hexagonal, octogonal o
incluso redondo, dividido en tantos compartimentos como tipos de harina se
necesitaban. Cada uno de ellos estaba cerrado por una malla distinta, a
cada cual más fina cuanta mayor calidad se requería. Cada tipo de harina
caía en un compartimiento diferente para luego ser ensacada
adecuadamente. En el molino de San Pedro, en una primera época el cedazo
y el cajón de recoger las harinas estaban separados, lo cual generaba una
importante cantidad de polvo que afectaba a los y las molineros y molineras, porque en este en concreto trabajaron tanto los hermanos como
las hermanas que en él residieron y trabajaron hasta que formaron sus
propias familias, y se fueron a residir a otros lugares. Por ello, con el
tiempo, se fabricó otro cedazo que
incluía la criba y la recogida, todo ello en el mismo recipiente,
consiguiendo así que saliera menos polvo al exterior, lo que favorecía
le estancia en el lugar de trabajo.
Si el limpia necesitaba de la
transmisión de la polea de la dinamo para ser movido, el cedazo
precisaba de un sistema independiente que no implicara tener que mover
correas. Para ello se utilizaba un eje de hierro que partía del centro de
la piedra móvil, y que se apoyaba también en el techo para darle mayor
estabilidad. Acoplada a este eje, a cierta altura, una polea transmitía,
mediante una correa cruzada similar a la de la dinamo, el movimiento hasta
el sistema de poleas que movía el cedazo. Parte de ese sistema, el que
transmitía el movimiento al cedazo, aún perdura en el molino de San
Pedro, como resistiéndose a ser eliminado y queriendo ser testigo de los
buenos tiempos en que aún fue útil.
La mayor parte de las poleas eran de madera y las correas de cuero. Pocos
elementos de transmisión eran metálicos, salvo los estrictamente
imprescindibles. Todo ello era debido a motivos económicos ya que los
tiempos que corrían no eran como para derrochar, y el ingenio y la
habilidad de los artesanos suplía la falta de medios.
Del cedazo del molino de San Pedro salían seis tipos de harina que se
denominaban de la siguiente forma: de primera, de
segunda, de tercera, harinilla, repaso y salvado u hojaza. Las
primeras eran las de mayor calidad y se suministraban mezcladas o sueltas
según deseo del cliente. Algunos pedían la de tercera y la harinilla
aparte del resto para elaborar un pan similar a lo que ahora se conoce
como chapata y que se denominaba soma
o chosne. Era un
pan con la masa sin sobar (hueco) y ligeramente más oscuro que el pan
blanco hecho con las harinas de mayor calidad. Lógicamente el repaso
y el salvado
u hojaza
eran las harinas más bastas. (continuará)
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Itzuli.
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