INUNDACIONES 2007  

El pasado día 2 de abril de 2007, y por segunda vez en pocos días, el río Ega se desbordó en la vega que abarca desde Marañón a Genevilla, inundando numerosos terrenos agrícolas de estas tres localidades. Prácticamente desde su entrada en Roñés hasta los límites con Campezo, el cauce se salió en diversos lugares y algunos de los terrenos fueron utilizados por la corriente de agua para poder circular libremente, dado que el propio cauce del río no pudo soportar la avenida de agua producida por las intensas lluvias.
Las causas de esta situación fueron denunciadas  en varias ocasiones por diferentes asociaciones de agricultores de la ribera del Ebro, a lo largo de los días posteriores a las inundaciones que se produjeron en esa zona, y que causaron importantes pérdidas entre los agricultores afectados. En el caso del Alto Ega navarro los daños no fueron tan graves como en la ocasión anterior debido a que la semilla del grano de cereal ya había germinado y eso ayudó a que la corriente no arrastrara tierra con semilla sin nacer, lo que hubiera supuesto que unas cuantas piezas hubieran salido seriamente tocadas. La cuestión es que las plantas de cereal, de unos 20 cms. de altura, sólo se doblegaron al paso del agua y posteriormente siguió creciendo con normalidad, excepto en aquellos lugares en que el agua arrastró tierra y la depositó sobre las piezas, lo que en conjunto fue muy poca superficie. 
Los motivos del desbordamiento, a pesar de que las zonas son muy diferentes entre sí, son las mismas que apuntaban los agricultores de la ribera del Ebro, aunque cabe destacar que si en Alava, donde nace el Ega, apenas hubo incidencia de su crecida, nada más entrar en Navarra, asoló los terrenos de los tres primeros pueblos de esta comunidad por los que pasa. Ello es normal si se tiene en cuenta que en sus orígenes (Alava) apenas es una acequia rectilínea o con muy pocas curvas, además de recibir aún escasas aportaciones de su cuenca más elevada (Alava y Burgos (Treviño)), además de carecer apenas de arbolado de ribera por ser su cauce muy pequeño y estar rodeado de tierra de cultivo sin apenas bosque en su recorrido.
Resulta pues que nada más entrar en tierras navarras, el cauce del Ega discurre por el estrechamiento de Roñés, por el cual el bosque espeso de hayas y robles, además del propio de ribera, deja en su recorrido abundante ramaje, este año especialmente aumentado por las nevadas que han roto numerosas ramas del arbolado que rodea y sigue el cauce del río. Incluso enormes ramas de hayas situadas junto a las orillas del Ega han llegado a caer bajo el peso de la nieve. Por otra parte, ya en este lugar y apenas entrado en Navarra, el cauce del Ega adolece de varios defectos,  entre ellos, las enormes piedras que desde hace décadas yacen en el centro del cauce, lo que provoca que a nada que caiga algún tronco de árbol, algo bastante corriente en esta zona, éste haga de barrera sobre la cual se acumula mayor cantidad de pequeñas ramas, que finalmente pueden provocar la creación de diques que obstaculizan el paso del agua. Estas rocas, caídas de forma natural desde las laderas cercanas, o artificialmente debido a la obras en la carretera, a lo largo de los años, han quedado ya ubicadas de forma permanente en el cauce del río, provocando las consecuencias antes descritas.
Por otro lado, en algunos tramos hay árboles, de considerable tamaño, en el propio centro del cauce, que han llegado incluso a crear pequeñas isletas. Si bien queda muy bonito cuando el caudal es normal, cuando éste aumenta a proporciones desmesuradas, estas isletas y troncos generan el mismo efecto que las rocas de grandes dimensiones, llegando incluso a desviar las aguas hacia otros lugares anexos al cauce original, como las tierras cultivables de las orillas del río, ahora ya cerca de Marañón.
Antes de llegar a esta población el río ha adquirido ya el aspecto normal de un cauce, con acusados meandros y aportaciones que bajan desde el bosque de la Población y Marañón (hayedo). No en vano, en ese espacio están las captaciones de agua de Cabredo-Ahuntzegi, Marañón, La Población y Meano, por lo que en tiempos de normalidad el agua abunda. Esta vez, los arroyos que bajaban desde este bosque estaban ya desbordados al poco de que el Ega entrara en Roñés, y en este punto el agua corría entre las mesas del merendero ubicado  en esta zona, totalmente desbordado de su pequeño cauce.
Aguas abajo de este paraje troncos caídos o  arrancados  de raíz obstaculizaban el paso del agua, y choperas plantadas hasta la misma orilla del río, sin respetar los márgenes legales que corresponden al dominio hidráulico, eran inundadas por el agua. Precisamente han sido algunas choperas de Marañón, Genevilla y Cabredo-Ahuntezgi las que han colaborado al desbordamiento del río debido a que están plantadas a niveles más bajos que el resto de los terrenos (los agrícolas) y sin ningún medio de protección (taludes de tierra). En algunos casos (no en todos) por ahí entró el agua  con la posterior invasión de terreno de cereal ya plantado, a través del cual el agua circuló, para volver a entrar de nuevo al cauce varios cientos de metros más abajo. En algún caso (Genevilla) llegó a sobrepasar la pista de comunicación con Cabredo-Ahuntzegi y llegar así a los campos de cereal del otro lado.
Los taludes que se han ido construyendo a lo largo de los años a las orillas del río han sido efectivos a medias, ya que en bastantes casos han caído bajo la fuerza del agua. Algunos de ellos, construidos a modo de refuerzo con piedras, también han sido levantados por la fuerza de la escorrentía. En algún caso (Genevilla) piedras de grandes dimensiones, colocadas en meandros para reforzarlos contra el empuje del agua, han caído al cauce, por lo que ahora se han convertido en un problema en lugar de formar parte de la solución. Los taludes caídos han quedado bien marcados por los efectos del agua, tanto sobre ellos como sobre los campos de cereal, por lo que sería buen momento para reforzarlos antes de que en unos años vuelva a pasar exactamente lo mismo que éste, pero con el cereal sembrado y sin germinar, lo que podría acarrear importantes daños. En algunos casos los vados para pasar de un terreno a otro, atravesando el río, han provocado, que incluso habiendo taludes, la corriente haya aprovechado estos pasos para salir a las tierras de cereal. Por tanto, incluso habiendo taludes protectores construidos, si antes existe algún vado, lo más probable es que el agua salga finalmente hacia los terrenos de labrantío. 
Los puentes han aguantado bien teniendo en cuenta que en algunos de ellos el agua ha pasado por los costados  sin apenas haberlos tocado (puente nuevo de Cabredo-Ahuntzegi por ejemplo). En Marañón hubo suerte pues dos árboles de dimensiones considerables quedaron muy cerca del puente junto al molino viejo, pero si llegan a quedar atravesados totalmente entre los dos ojos, podrían haber acumulado ramaje en tal cantidad que el agua habría sobrepasado la carretera por encima sin problema alguno.
En cuanto a los edificios afectados éstos apenas fueron dos: uno en Marañón, en una puerta trasera de una vivienda junto al frontón, en la cual se pusieron algunos sacos para que el agua no pasara al interior, y el otro en Cabredo-Auntzegi, ya que el Molino de San Pedro, el gran afectado siempre que hay una inundación, pertenece a este municipio. Aunque el edificio no parece que sufrió daños, lo cierto es que el agua cruzó la huerta de esta hacienda, de arriba a abajo en el sentido de la corriente, dejando en un sólo plano cubierto de agua casi toda la finca, incluida la entrada a la misma. La corriente entró aprovechando el vado para pasar al Arrañal, de la misma forma  que lo hizo para inundar un terreno de cereal al otro lado del cauce, y pasó directamente hasta el puente. Aguas abajo de este punto, y a escasa distancia la corriente de nuevo rompió el talud que protege una de las fincas de cereal y la atravesó directamente para volver al cauce de nuevo varios cientos de metros más abajo. De igual forma, la acequia que procede del barranco de la Mina y que en condiciones normales apenas porta agua, se convirtió en un factor más que añadir a la acumulación de agua junto al molino, ya que es allí donde desemboca, poco antes del puente. Desde los montes que delimita la pista de Escusa, el agua bajaba con gran abundancia a parar toda ella a esta acequia que ya cerca de la pista de Salpoyo estaba saturada y  desbordada.
Otra acequia que se desbordó es la procedente del rebosadero de la balsa. En este caso el río Tocedo se dividió en dos corrientes: una procedente de la toma hacia la balsa, y otra del sobradero de ésta última. En el primer caso parece que no hubo problema alguno, sin embargo en el segundo, la falta de mantenimiento de algunas zonas de esta acequia, provocó que la corriente saliera a una de las piezas por la que discurre, de tal forma que la inundó en buena parte. No obstante, una vez más, hubo suerte ya que este terreno está en barbecho, al menos por este año. Sin embargo una cosa está clara: si hubiera estado sembrada, la falta de un mantenimiento adecuado habría sido la que hubiera provocado su inundación.
En Genevilla los efectos fueron prácticamente los mismos que en las dos poblaciones anteriores, es decir, salida del cauce por exceso de caudal, pero también por acumulación de ramas en troncos caídos y no retirados; rocas colocadas como medida de protección caídas al cauce principal debido a la fuerza de arrastre del agua, etc.
En resumen, parece que se impone la necesidad de una limpieza constante del cauce de este río si no se quiere que en el futuro, quizás muy próximo pues está demostrado que cada 4 ó 5 años se desborda, vuelva a ocurrir lo mismo que este mes de abril. No vendría tampoco reforzar esos lugares en los que cada vez que hay inundaciones la corriente rompe los taludes y pasa hacia las tierras de cultivo. Ahora han quedado claramente marcados. De igual manera, algunos meandros son susceptibles de poder se anchados en sus zonas de menos corriente porque ello no afectaría al cauce del río, pero serviría para que las aguas que quedan a rebufo se puedan expandir algo más, reduciendo así las posibilidades de que se salgan de la trayectoria normal. Queda por determinar si los árboles de dimensiones considerables que nacen en el cauce del río son bosque de ribera o no, puesto que no crecen en las orillas sino en el interior del recorrido, lo que puede provocar, y de hecho así ha ocurrido al menos esta vez, el estancamiento y acumulación de materiales arrastrados por la corriente, que a su vez generan diques que favorecen la salida de la corriente hacia los campos de cultivo. Habrá que ver qué acciones se toman de ahora en adelante..............hasta la próxima gran avenida de agua.

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