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IN MEMORIAM.
El pasado día 17 de junio de
2007, nos dejó, de forma súbita e inesperada, Telesforo Etayo, el
último gran molinero del Alto Ega navarro. Gran persona, gozaba de un
fino e irónico humor que a todos gustaba y a cada situación sabía
aplicarle la frase adecuada. Hasta las últimas horas de su vida gozó de
una salud envidiable y de una capacidad mental que muchos quisiéramos
para nosotros mismos. Regentó el
Molino de San Pedro, junto con su hermano Francisco, y sus respectivas
familias, durante varias décadas. Este edificio fue, durante muchos
años, punto de encuentro de todos aquellos que recurrían a la molienda
de sus mieses en sus muelas de dura piedra. Desde numerosos pueblos de los alrededores, tanto de
Álava como de Navarra, los agricultores acudían a éste y otros molinos
a que les hicieran la molienda del grano, pero fue el de San Pedro el
último en parar sus piedras antes de que sus moradores y regentes se
trasladaran definitivamente a residir a Cabredo-Ahuntzegi . El Foro, como
todos le llamaban, conoció los más rudimentarios métodos de cosecha,
trilla y molienda, completando así el ciclo entero del cereal, desde su
siembra hasta su transformación en harina y a su vez, en pienso para los
animales o en pan, para el consumo de los hogares.
Desde la yunta de bueyes
para arar el campo, hasta las trilladoras de Ajuria, pasando por los
trillos de roble y canto o sierra incrustada en la madera, tirados por
mulas y machos, el Foro conoció y trabajó todos los sistemas más
rudimentarios de siembra y recolección del cereal.
El molino de San Pedro, supuestamente el único edificio que queda de un
poblado que existió en ese mismo paraje, fue lugar de reunión para todos
aquellos que pasaban por él, fueran a moler, o simplemente de visita. A
nadie se le negaba el saludo, la conversación, o simplemente un trozo de
chorizo con pan, o a veces una fruta del huerto, e incluso en ocasiones
especiales una copa de ese pacharán tan bueno que sólo él
sabía hacer. Desde la pareja de la
Guardia Civil, que hacía la ronda por la orilla del río a la caza de
furtivos, y que procedían del cuartelillo de Marañón, hasta los
parientes y visitantes que vení an de otros lugares, todos tenían un
hueco en el banco exterior del molino, donde se sentaban a conversar,
cuando ello era posible.
Foro y Francisco, con sus boinas blancas del polvo de harina, trabajaban
finamente en la molienda, regulando la tarabilla y pasando el grano molido
entre sus dedos para ajustar el producto final al gusto del cliente. Los
sacos eran cargados allí mismo a lomos de mulas, caballos o machos en las
alforjas de cáñamo (capachos) o de madera, hechas para transportar lo
mismo gavillas de leña, que sacos de harina. En los días de tormenta, el
molino de San Pedro era el único lugar donde se podía refugiar la gente que
estaba en los alrededores, cultivando las huertas o el campo.
Hombre creyente y religioso, que no faltaba a misa salvo en casos de
fuerza mayor, fue cofrade de la Vera Cruz y de la Virgen del
Carrascal desde siempre y participaba
activamente en las procesiones del pueblo, ahora ya caídas en desuso.
Hasta no hace muchos años, el Foro, junto con otros cofrades, portaba el
palio en la procesión del Corpus. Casado con María Jesús Arana, ambos
participaban activamente en la vida religiosa y social del pueblo. Envuelto en su
túnica de cofrade, y por deseo expreso, fue enterrado
cristianamente el día 18 en el cementerio de su pueblo natal en la tumba
de sus antepasados. Telesforo Etayo, el último gran molinero del Alto Ega
navarro quedará para siempre en el recuerdo de todos los habitantes
de Cabredo-Ahuntzegi, y de todos aquellos que tuvieron la suerte de
conocerle.
Galería de Foro y la familia Etayo.
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